7/12/2020

Contra un ignorante que compraba muchos libros, Luciano de Samósata

Idk cuál es el título original, sorry
Luciano de Samósata
Siglo II (entre 125 y 185 d.C.)
Historia corta

En este texto agudo y divertido, Luciano de Samósata ataca sin piedad al hombre rico, pero inculto y vicioso, que acumula libros sin entender nada de ellos y con el único afán de proyectar una buena imagen de sí mismo.
MI OPINIÓN
Cuando esta historia llegó a mis manos lo primero que pensé es: joder, ahora mismo que leer se considera una moda y sale tantísima literatura basura y sin trasfondo, hay bastantes lectores ignorantes. Basta con revisar cualquiera de estas webs que proliferan hoy día para encontrar entradas de "razones por las que se debería dar literatura juvenil en los colegios/escuelas/lo-que-sea", lo que solo estimula la lectura por placer definida por Barthes (y eso que ni siquiera la de todo el mundo) 

Ciertamente, aunque encontré un poco de esto, también me estrellé un poco, porque me he sentido aludida entre estas páginas.

Samósata también crítica al lector que no presta atención a lo que está leyendo y alude a esto como mancillar a los buenos autores. No puedo evitar sentirme identificada porque incluso recientemente me he perdido el significado oculto de Bartleby, el escribiente, de Herman Melville [Aquí] y me he dedicado a leer por encima, a fingir que leo, mejor dicho; sin tomarme el tiempo de analizar por mi cuenta y darme el tiempo de rumiar las ideas que podrían haber atravesado la mente del autor al decidir escribir ciertas cosas.

Luciano revela una opinión que compartía hasta cierto punto y es que leer libros por placer no nos sirve de nada; pero que leer libros demandantes centrándonos únicamente en el placer, tampoco. Y es que, siendo así, jamás vamos a sacar nada de las obras. Estaremos repitiendo como loros, sin generar diálogo.


Btw, sé que generar diálogo es una absurdidad cuando estamos hablando de un libro, puesto que el libro en sí mismo no genera debate; pero la cuestión es que leer sin cuestionar, leer sin goce, nos hace lectores ignorantes sin importar cuantos libros leamos al año; porque todo el mundo se apresura a completar su reto de goodreads o se hace maratones de tres o cuatro libros en un día como bien vemos en YouTube, pero no damos el tiempo de procesar una historia, de analizar lo que tiene escrito entre sus páginas es lo peor que podemos hacernos a nosotros y a los autores, pues nos da una falsa sensación de sabiduría y cultura, cosas de las cuales realmente carecemos. 


No sé ustedes, pero pensar que seguimos repitiendo los mismos errores relacionados con la lectura que nos persiguen incluso desde las épocas anteriores a cristo, me parece un poco descorazonador. Por supuesto, hoy tenemos otras formas de lectura que nos facilitan todo; pero seguimos viviendo y, por consiguiente, leyendo en el afán. Lo peor es que incluso hoy en los colegios se motiva la lectura rápida, o en el Internet se venden cursos para aprender a leer tres libros, o más, por semana. Si nuestra lectura ya es tan pobre, no me quiero imaginar qué vendrá después.



7/09/2020

Bartleby, el escribiente; Herman Melville

Bartleby the Scrivener
Herman Melville
1853
Clásico | Ficción | Historia corta

Academics hail it as the beginning of modernism, but to readers around the world—even those daunted by Moby-Dick—Bartleby the Scrivener is simply one of the most absorbing and moving novellas ever. Set in the mid-19th century on New York City's Wall Street, it was also, perhaps, Herman Melville's most prescient story: what if a young man caught up in the rat race of commerce finally just said, "I would prefer not to"?
The tale is one of the final works of fiction published by Melville before, slipping into despair over the continuing critical dismissal of his work after Moby-Dick, he abandoned publishing fiction. The work is presented here exactly as it was originally published in Putnam's magazine—to, sadly, critical disdain.
MI OPINIÓN
Imaginen que empiezo esto con un suspiro dramático.

Siempre que leo Melville siento que soy un lector de afán: principalmente no entiendo el trasfondo de lo que quiere decir y se me hace taaaan pesado, que me cuesta creer que sea una historia corta. Al principio pensé que todo había sido culpa de la grasa de ballena; pero bueno, a lo mejor es que el autor sigue siendo demasiado para mí.

Bartleby es el afortunado elegido para trabajar como copiador en un despacho de Wall Street. Es un muchacho bien presentado, que podría traer prestigio al despacho en donde se le ha contratado. Sin embargo, el joven resulta ser más misterioso de lo que se pensaba; siempre cumpliendo con su trabajo estrictamente copiando, pero diciendo "preferiría no hacerlo" ante cualquier otra solicitud. Aunque en realidad ese "preferiría" es un no rotundo, pues no importa cuantas veces se le pida algo, siempre va a salir con la misma frase.

Todo parece ir entre comillas bien, hasta que Bartleby decide que tampoco va a hacer el trabajo que se le encomendó y que no va a dejar las oficinas sin importar lo que se le diga.

Bartleby no me ha parecido tanto un personaje misterioso como un personaje irritante. Uno de los propósitos del cuento debería haber sido crear esta curiosidad sobre quién es Bartleby y por qué actúa como lo hace. En realidad creo que si se le pregunta a cualquier otra persona sobre esto, dirá que la obra cumplió bien su cometido; pero yo nunca quise saber de dónde venía este hombre o los motivos de su actitud taciturna. Mi único pensamiento recurrente durante toda la historia fue que llamar a la policía o que lo llevaran con un doctor, pues el hombre no quería hacer nada y podía quedarse viendo a una pared vacía todo el día; desde mi experiencia conmigo misma, le diagnostiqué depresión.

Los demás personajes que acompañan la trama son descritos demasiado para lo que en realidad pude notar que hicieron en la historia. Lo cierto es que me sobran un poquito y a estas alturas todavía me debato entre el preferir que fueran un mero fondo sin nombre; o que fueran medio traídos al frente sin que tuvieran algo para hacer.

Lo más notorio que he encontrado en Melville con las pocas obras suyas que he leído es el narrador testigo que maneja sus obras. En esta ocasión, me parece que en realidad muchas de las circunstancias que se le dan a Bartleby son las que en realidad vive su jefe (el narrador).  Así, cuando él dice que siente lástima por Bartleby, pues no parece tener nada; se ve reflejado a si mismo (ya que no se evidencia a lo largo de la historia que tenga mucho para hacer o familia con la cual estar) y, en base a eso, puede soportar las excentricidades de su empleado sin despedirlo y abogando a un mandato divino, pues siente que por fin su vida es un tanto interesante, si tenemos en cuenta el principio de la historia; y que está haciendo, por fin, algo de lo que alguien podría estarle agradecido y que no tiene que ver directamente con su trabajo (diría que esto también se hace por una idea de salvación). Esto, en mi opinión, solo alarga una historia que ya era lo suficientemente aburrida sin mil páginas de "preferiría no..."

Se supone que esto es un clásico de la literatura y sus motivos debe tener. Ninguna obra sobrevive a través del tiempo sin que hayan razones de sobra. Sin embargo, habrá sido por pereza o por afán, no he encontrado nada impactante o que me hiciera pensar que esta historia merece ser imprescindible. También puede ser que no tenga afinidad con el autor, ¿ya había hablado sobre la grasa de ballena, verdad?

Mi gran problema con la obra es que siento que no tiene nada para decir; pero al mismo tiempo, tiene mucho. Podrían existir un montón de paralelismos, pues quién no ha pensado que no vale la pena seguir existiendo y en que no va a pasar nada si uno sencillamente se desobliga. Verdaderamente me puedo sentir identificada con Bartleby y eso es aterrador; e incluso puedo pensar que Melville pudo sentirse como estos personajes alguna vez, pues sus obras no triunfaron en su tiempo como lo hacen ahora.

En fin, después de leer ciertos análisis, creo que puedo entender un poco lo que se quiso decir con la historia. Sin embargo, no deja de parecerme un gran meh entre la cantidad inconmensurable de obras todavía pendientes por leer.

Puede que en un futuro vuelva a intentarlo, espero haber mejorado mis prácticas de lectura de aquí a entonces.



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